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lunes, 25 de abril de 2011

Las mejores 25 novelas de lo últimos 25 años Por Luis Fernando Afanador

Chicas, las siguientes son 25 reseñas obras; algunas clásicas, otras no tan clásicas y otras definitivamente,... Juzguen ustedes.

Toda selección tiene un aire de arbitrariedad y, por eso mismo, de antipatía que paradójicamente no produce rechazo sino un gran interés. Hay gusto por hacerlas y por leerlas. A la gente le encantan los concursos, los premios, las antologías, decidir qué obras son mejores que otras. La causa de esta conducta puede obedecer al morbo que caracteriza a los seres humanos, pero también a otras razones. Desde los griegos, la cultura tiene un aspecto agonal, competitivo: coronar al mejor, glorificar lo que sobresale. Más que héroes o ganadores, ejemplos de conducta. Y modelos: el legado cultural se alimenta de los modelos. Aunque no habría que ir tan lejos en el tiempo ni ahondar en razones muy profundas para justificar una selección. ¿Por qué hacer una selección de las 25 mejores novelas de los últimos 25 años? Pura y simplemente porque es necesario: ante el alud de novelas escritas en el último cuarto de siglo viene bien tener una guía que nos sugiera cuáles son esas obras básicas que por ningún motivo debemos dejar de leer. Por sabios y probos que sean los jurados de una elección siempre habrá un margen de error y lugar para la polémica. Es inevitable. Entonces, más que aspirar a una objetividad imposible de alcanzar, quien elige debe preocuparse mejor por aclarar los procedimientos utilizados en su proceso de escogencia. Y despojarse de cualquier pretensión de dar la última palabra. En consecuencia, va el nuestro: las novelas que adelante aparecen en orden de importancia fueron seleccionadas por el equipo editorial de Semana Libros, previas consultas a algunos escritores, profesores universitarios y conocedores del género. Es decir, se trata de la escogencia de un pequeño grupo de lectores colombianos del año 2005 –para bien y para mal la perspectiva es colombiana– quienes no pretendieron trazar el canon reciente de la novela sino hacer un balance de sus lecturas y llamar la atención sobre unas obras que les parecen relevantes. Y, tal vez, gestar el inicio de un fructífero debate sobre la novela, sobre sus logros y sus posibles derroteros. A pesar de los repetidos y ya monótonos certificados de defunción, de su proliferación excesiva –se publican por cientos en muchos países del mundo–, la novela sigue siendo un género vital y, lo que es más importante, los escritores de talento todavía la ven como un arte de enormes posibilidades. Aunque parezca difícil de creer en la era de la ciencia y de la técnica, muchas personas siguen leyéndolas, acuden a ellas en busca de algo. Probablemente no sean tantas como las que en el siglo XIX acudían al muelle de Boston para saber cuál había sido la suerte de la pequeña Nell, el personaje de la novela por entregas de Charles Dickens, Almacén de antigüedades. No son tantas pero constituyen un público nada despreciable que sigue creyendo firmemente que sólo la novela es capaz de responder a la vieja pregunta de quiénes somos. En la lista que sigue algunos ratificarán sus preferencias; otros encontrarán sorpresas e injustificadas ausencias. Pero esperamos que ninguno dude de la calidad de las obras escogidas. Bienvenidos a la discusión.
1
El malogrado
Thomas Bernhard 1983
Thomas Bernhard es una adicción. Una vez se le descubre lo más seguro es que ya no se puede escapar jamás del complejo mundo de este escritor austríaco, uno de los narradores más importantes del siglo XX. ¿La razón? Su prosa exquisita, su ritmo musical que envuelve y seduce desde las primeras líneas y que poco a poco lleva al lector hacia su universo interior, en el que confluye el desencanto por la vida, el pesimismo hacia el hombre y la sociedad (especialmente la austríaca, con la que siempre mantuvo una relación de amor y odio), la ironía, la atracción permanente por el suicidio, la autodestrucción y, al mismo tiempo, un incontenible deseo por vivir. Estas características se reflejan en El malogrado, escrito en 1983 y que fue la primera de una trilogía dedicada al ambiente artístico austríaco y que completan Tala (1984), y Maestros antiguos (1985). Bernhard se movió en ese mundo desde joven no sólo por su condición de poeta, escritor de teatro y novelista (murió en 1989 a los 58 años), sino porque en los años 50 fue estudiante de música y teatro en el Mozarteum de Salzburgo, una de las escuelas más prestigiosas del mundo, a la que el autor nunca le ahorró adjetivos denigrantes. En ese escenario se desencadena la trama de El malogrado, la historia de tres hombres (el virtuoso, el malogrado y el filósofo) que se conocen en esta institución a donde acuden expresamente para estudiar piano con el maestro Vladimir Horowitz. Glenn Gould, para muchos el mejor pianista del siglo XX, irrumpe en la vida de Wertheimer –el protagonista– y del ‘filósofo’ –narrador de la historia– y es el punto de quiebre en la vida de estos dos prospectos del piano provenientes de familias austríacas acaudaladas. También fue el punto de partida de Bernhard para adentrarse en el mundo de dos personas que deciden autoliquidarse. A ellos, que pretendían ser superestrellas del piano y recorren el mundo llenando auditorios, después de enfrentarse con la genialidad de Gould no les quedaba otra opción que la renuncia, la autodestrucción. Si nunca podrían llegar a ser como ese genio, ¿para qué continuar con ello? Es así como El malogrado podría verse como la historia de dos jóvenes que se dan por vencidos por el solo hecho de saber que hay alguien más capaz, más diestro. ¿Qué sería del 99,9 por ciento de las personas si actuaran bajo esa premisa? Pero también es la historia de dos personas que pasan su vida tratando de justificar en la decisión del otro su renuncia al mundo del piano, que al final era lo que buscaban desde siempre. Los dos necesitaban una excusa para fracasar y nada mejor que la aparición de Glenn Gould, que se inmortalizó tocando Las variaciones Goldberg de Bach. Se dice que el libro se lee como una versión en prosa de las 32 variaciones. Miguel Sáenz, traductor de la obra de Bernhard al español, dice que es “una imprecisión”, ya que esta comparación trivializa el relato. Sin embargo, vale la pena sugerir la lectura del libro en compañía de las variaciones tocadas por Gould en cualquiera de sus dos versiones: las de 1955 o la de 1981. Una característica en la obra de Bernhard es mezclar la realidad y la ficción. En esta ocasión Bernhard se apodera de dos personajes, Gould y el filósofo Ludwig Wittengenstein, para construir un universo donde logra hacer una triple separación de lo que fue él mismo: un artista virtuoso, un seducido por el suicidio (nunca llegó a hacerlo) y una persona que intentó permanecer alejada de la mirada exterior. El malogrado, que para el crítico Benjamín Henrichs “quizás es el mas hermoso libro de Bernhard”, está narrada al mejor estilo de Bernhard, uno de los grandes monologuistas del siglo XX. El tercer pianista, del que no conoceremos su nombre y sólo sabremos que Gould llama ‘el filósofo’, cuenta la historia desde la puerta de una posada después de asistir al entierro de El malogrado, que se suicidó a los 51 años, tal vez después de conocer la muerte de su amigo Gould. Desde allí, desde la soledad de saberse el único sobreviviente después de la muerte de Gould y Wertheimer, el ‘filosofo’, que podría ser el mismo Bernhard, reconstruye a partir de reflexiones, juicios y anécdotas lo que fue de la vida de los tres después de su encuentro. Un encuentro que desde la primera página todos sabemos cómo terminó. CATALINA GÓMEZ ÁNGEL .
2El nombre de la rosa
Umberto
Eco 1980


El nombre de la rosa de Umberto Eco es un innegable clásico de las letras contemporáneas. Bajo el manto protector de la novela de acción e intriga esconde una erudita y deliciosa forma de conocer el entorno eclesiástico y mundano de su tiempo. El libro fue publicado por Bompiani en 1980. A sus 25 años de edad es una novela con un recorrido asombroso, y con un gran futuro. Su éxito inmenso se debe a la fuerza del estilo tanto como al brillante conocimiento de la época y los personajes. La historia, en efecto, es extraordinaria, compacta, contundente. La poderosa línea de acción de los hechos es enfatizada por la actitud piadosa y fiel del narrador Adso de Melk, acerca de un episodio de su juventud, cuando era devoto discípulo del maestro franciscano de origen británico don Guillermo de Baskerville, y hace un recorrido de observador minucioso que transmite a los lectores de su diario la época entera que vivió el convulsivo comienzo del siglo XIV, narrando con humor los terribles sucesos de los siete días en que permaneció en una peculiar abadía del norte de Italia, en cuya biblioteca se hallaban textos de peligroso valor, y cuya no difusión indiscriminada justificaba hasta el crimen. En este fanático y enrarecido entorno, cuya atmósfera retrata con maravillosa precisión el autor, la vida transcurre febril, plagada de misterio y violencia, de modo que los defensores de la censura puedan atacar la promoción del humor y la alegría de la vida entre monjes y prelados, propugnando porque el libro de Aristóteles acerca de la risa permaneciese en secreto, leído tan solo por cierto número de iniciados, y que todos los que tuviesen la ocasión de darlo a conocer o exaltarlo muriesen trágicamente asesinados. Los sucesos de la abadía ocurren en 1327, en estricta relación con la historia de la convulsiva Europa de la Cruzadas y de la Iglesia Católica de los días del papado de Avignon, y adelantan –por medio del pronóstico de la llegada del Anticristo por Ubertino da Casale, antiguo miembro de la orden de los Espirituales de la orden franciscana– el pronóstico funesto de fin de los tiempos que habría de verse fatalmente confirmado por la llegada de la peste negra que azotaría Europa 20 años después. Enrique Serrano.
3Sostiene Pereira
Antonio Tabucchi 1994

Sostiene Tabucchi que Sostiene Pereira nació en un momento de duermevela. Tabucchi, Antonio –novelista y lusófilo nacido en Pisa en 1943–, imaginó una noche al personaje de esta novela que halló tantos elogios de la crítica como compradores en las librerías; Pereira –viudo, gordo, cardiaco, católico y director de las páginas literarias de un vespertino de Lisboa en el verano de 1938– fue ese personaje soñado. En la obra, escrita en italiano, relata Tabucchi la historia de un hombre sin importancia ni militancia que llega a adquirirlas cuando el azar lo enreda con un grupo dedicado a combatir la dictatorial llave fascista de Oliveria Salazar en Portugal y Francisco Franco en España. A través de Pereira conocemos otros personajes moldeados con la arcilla humana que maneja tan bien el novelista italiano: los ‘resistentes’, Francesco Monteiro Rossi y su novia, Marta; el director del periódico, que se pliega al ‘patriotismo’ represor; porteras, meseros, médicos, curas. No muchos. Los suficientes como para que todos tengan rostro y cabida en la memoria del lector. Entre platos de bacalao y omelettes de verduras respiramos el verano, nos oprime la atmósfera dictatorial, recorremos trozos de Lisboa y Estoril, conversamos de literatura, lucubramos sobre la muerte y vemos crecer a Pereira a la altura del deber que la suerte le impone. Todo ello ocurre en menos de 250 páginas levantadas en tipo de imprenta espaciado y robusto. En tan breve expediente Tabucchi encaja su pequeña obra maestra. No diré nada más sobre la trama para proteger al posible lector de desenlaces y evitar pasar sorpresas a cuchillo. Solo que encierra un mensaje de dignidad inspirado en quien acepta asumir la modesta misión que ofrecerá un contenido ético a su existencia. Sostiene Tabucchi que Pereira está basado en un personaje real –un viejo periodista portugués que conoció en el exilio parisino– y que el nombre sale de una obra de teatro de T. S. Eliot. Si bien el fantasma del personaje lo despertó una noche septembrina del 92, el autor solo emprendió la redacción del texto en junio de 1993. Apenas dos meses después, el 25 de agosto, la novela estaba terminada. Lo cual muestra que a veces a la buena literatura le bastan unas pocas páginas y unos pocos días. Daniel Samper Pizano.

4El amor en los tiempos del cólera
Gabriel García Márquez 1985

Las grandes novelas –y El amor en los tiempos del cólera (EATC) es sin duda una de ellas– suelen llevar en los pliegues de la historia su propia definición. La de este libro está escondida en la página 399 de la primera edición: “Era más bien una extensa meditación sobre la vida, con base en sus ideas y experiencias de las relaciones entre hombre y mujer”. EATC es un tratado exhaustivo y sabio sobre el amor y el desamor conyugal, los amoríos extraconyugales, los fáciles pero infelices consuelos de la infidelidad, el remordimiento de la deslealtad, y la desilusión incurable de sentirse traicionados. Florentino Ariza, un soltero polígamo, es quizá el monógamo más furibundo de la historia de la literatura, un cabeciduro capaz de esperar a una misma mujer durante más de medio siglo, para al fin conseguirla. EATC se publicó hace 20 años exactos, en diciembre de 1985, y fue la primera novela que García Márquez escribió después de recibir el premio Nobel. Todo el mundo estaba pendiente de los efectos que ese cataclismo mediático pudiera haber tenido sobre su estilo. Al leerla, quienes cultivaran todavía alguna duda sobre su grandeza literaria, tuvieron que reconocer que este pedazo de tierra que se llama Colombia no había producido nunca, ni produciría en mucho tiempo, un escritor tan genial como él. Su nueva creación imaginaria, Florentino Ariza, se sumaba sin resistencias a su larga genealogía de personajes tan memorables que parecen reales. Este solterón escuálido, calvo sin encantos, redactor de cartas románticas y empleado rutinario, era en secreto también un gran amante capaz de convertir en putas a sus compañeras clandestinas: “La había despojado de la virginidad de un matrimonio convencional, que era más perniciosa que la virginidad congénita. Le había enseñado que nada de lo que se haga en la cama es inmoral si contribuye a perpetuar el amor. Y algo que había de ser desde entonces la razón de su vida: la convenció de que uno viene al mundo con los polvos contados, y los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre”. El largo relato de un matrimonio corriente y relativamente feliz (el del doctor Juvenal Urbino con Fermina Daza), narrado en contrapunto con los amores furtivos del novio imposible, Florentino Ariza, que a la espera de Fermina se dedica a cultivar “la fiebre de los amores desperdigados”, esos que dan al menos la ilusión de reemplazar el amor verdadero, produce una novela capaz de examinar casi todos los tipos de relación que pueden producirse entre un hombre y una mujer. Lograr ese compendio completo de los cientos de amores posibles e imposibles, redactado con una gracia que parece inspirada y con una sabiduría de evangelio pagano, hacen de EATC una de las más grandes novelas de todo el siglo XX. Héctor Abad Faciolince.

5Ensayo sobre la ceguera
José
Saramago 1996


El Ensayo sobre la ceguera de José Saramago constituye uno de los hitos mayores de su prolija labor por la que transitan, con igual belleza, la poesía y la especulación, la novela y el relato y la memoria como una de las formas más depuradas del arte de narrar. Sin embargo hay que hacer algunas aclaraciones, porque en el caso de Saramago y gracias a su estridente compromiso político, la valoración de su obra suele regirse por criterios ideológicos y no literarios. Pero el arte es ante todo poesía y su mensaje se transmite como el fuego o no se transmite en absoluto; su índole entraña siempre una gran responsabilidad social, no por las consignas que la alimentan sino por los misterios que se revelan en su seno. El Ensayo aspira a esa condición, pero nunca por los procedimientos doctrinarios que le asignan los copartidarios del autor, sino porque en la novela la literatura hace posible una historia inverosímil cuyo valor estético va más allá de la denuncia y se asienta mejor en la lucidez y en la perfección de un estilo. El Ensayo sobre la ceguera cuenta la historia de una terrible epidemia que se cierne sobre un país, sembrando en sus víctimas un manto blanquecino que les impide ver y que les arruina la vida en poco tiempo. En una sociedad conducida por la ceguera afloran de nuevo, y en una forma aún más vil, los viejos apetitos de la especie, ahora refinados por una enfermedad que es del alma y no del cuerpo. En ese planteamiento desolador Saramago brilla con todas sus armas: con sus largas parrafadas en las que escasean los signos de puntuación enfáticos, con su tono trepidante que atrapa al lector hasta dejarlo exhausto y conmovido, con su belleza y sus metáforas que han tenido que soportar tanto el abuso ideológico. Con su maestría, que es uno de los episodios más memorables del siglo XX. Juan E. constaín.

6Trilogía de Nueva York
Paul Auster. 1985/1987

Antes de publicar las novelas que conforman esta trilogía, a Paul Auster se le conocía por algunos poemas, varias traducciones del francés y una bella reflexión autobiográfica titulada La invención de la soledad. Luego, con la aparición de estas obras que para reflexionar sobre la identidad se valen de elementos de las clásicas novelas de suspenso, fue aclamado como el más brillante de los jóvenes escritores norteamericanos. Su mirada resultó totalmente propia, novedosa e inconfundible.
En Ciudad de cristal, el primer relato de la trilogía, Quinn, autor de novelas de misterio, debe resolver un caso más extraño que los que inventa para sus propios libros. En Fantasmas, la segunda historia, Azul ha sido contratado por Blanco para espiar a Negro desde la ventana de enfrente. En La habitación cerrada, la última, un hombre se involucra en la vida de un amigo que ha desaparecido de un momento a otro sin dejar rastro.
Gracias a su inusual percepción de la realidad, su límpida prosa y sus inquietantes historias, Auster se ha convertido en una figura de culto. Libros como El palacio de la luna y La música del azar han hecho crecer su bien establecida reputación como escritor de primera importancia. Joe Broderick

7Los detectives salvajes
Roberto Bolaño. 1988

Ulises Lima y Arturo Belano son dos jóvenes poetas mexicanos. Real visceralistas, para más señas. Y persiguen el rastro de la primera poeta de su movimiento, Cesárea Tinajero, que desapareció en las entrañas de México hace años. Lima y Belano comienzan un fascinante viaje de dos décadas en el que recorren su país, pasan por Estados Unidos, Europa y África, tras su ídolo; pero también tras ellos mismos, tras sus amigos (unos enloquecidos, otros demasiado ajenos ya), y las huellas que van dejando conforman una de las obras más hermosas de los últimos años. Ganadora del premio Herralde de novela en 1998, el encanto de Los detectives salvajes se halla en la utilización de muchos personajes que monologan sobre la misma historia: la búsqueda que emprendieron Lima y Belano.
Este texto convirtió en figura de culto al chileno Roberto Bolaño, quien murió de una afección hepática en España. Después de su muerte se reeditaron todos sus libros para honrar su memoria; y se publicó su obra póstuma, 2666, en la que trabajaba cuando falleció. Pero queda siempre un consuelo. Tanto Los detectives como 2666 pueden releerse cada cierto tiempo en la vida y siempre serán un nuevo descubrimiento, pero también una lección de cómo se debe contar una historia. Marta Orrantia

8La conjura de los necios
John Kennedy Toole. 1980

Desde su cama, rodeado de chucherías, Ignatius J. Reilly se declara en guerra contra el mundo. La repulsa que le produce la falta de teología y geometría del siglo en que ha nacido lo lleva a escribir los cuadernos Gran jefe, un majestuoso estudio de historia comparada en el que arremete contra la edad moderna, comandada “por los dioses del Caos, la Demencia y el Mal Gusto. Así el obeso, verborréico y legendario holgazán –dueño de una admirable vida interior, según él mismo– alivia en parte la obstrucción de su válvula pilórica. El bloqueo le viene siempre que discute con su madre. El último altercado con la señora Reilly lo lleva a lanzarse al mercado laboral para documentar mejor su épico ataque contra el siglo XX. En su travesía conoce a un puñado de seres tan desquiciados como él mismo hasta que termina con los nervios destrozados por el excesivo contacto con el mundo. Al borde de perder la cordura aparece Mirna Minkoff, una feminista que también lo enferma, pero de quien finalmente dependerá la salvación de Ignatius, este entrañable personaje, descrito como mezcla de Quijote adiposo y perverso Tomás de Aquino, creado por John Kennedy Toole antes de que se suicidara conectando una manguera al escape de su carro, en 1969 en una carretera despoblada, cerca de Biloxi, Mississipi. Andres Felipe Solano

9La guerra del fin del mundo
Mario Vargas Llosa. 1981

Si a un lector, en un test rápido, le preguntan cuáles son las principales obras de Vargas Llosa, o las mejores, o las que más recuerda, sería muy extraño que incluyera en esa lista a La guerra del fin del mundo. Publicada en 1981, esta colosal novela sigue siendo terra incógnita en la vasta obra del autor peruano. No es fácil explicar ese desconocimiento, pero tal vez influya el hecho de que sea la más atípica de sus producciones. En primer lugar, es una de sus pocas obras que no tiene nada que ver con el Perú; transcurre en Brasil y se ocupa de un episodio confuso para los latinoamericanos de habla española: la feroz contienda que en 1897 Antonio Vicente Mendes Maciel, o ‘Antonio el Conselheiro’, desató desde Canudos contra el gobierno de la República. En segundo lugar, es –a diferencia de casi todas sus novelas– un proyecto en el que Vargas Llosa intenta contar lo que alguien ya había contado antes, hacer literatura desde la literatura. Ese alguien fue Euclides da Cunha y la pieza que Vargas Llosa reescribe magistralmente es Os Sertões (1902). Sería imposible reseñar aquí el brillo de La guerra del fin del mundo, la voracidad cancerígena de su realismo, su portentoso análisis de la pasión fanática o su espléndida reactualización del mundo bíblico: baste decir que es una gema extraña y que sigue esperando lectores. Mario Jursich Durán

10
Los hijos de la medianoche
Salman
Rushdie. 1981


En 1988, cuando Jomeini decretó la fatwa contra Salman Rushdie, la celebridad instantánea de Los versos satánicos echó un manto sobre las otras tres novelas del autor. Gran injusticia: pues una de ellas era Los hijos de la medianoche, que Rushdie había publicado siete años antes, y que revolucionó en su momento la literatura en lengua inglesa.
Las coordenadas generales del relato son conocidas. Saleem Sinai es uno de los 1.001 niños nacidos en instante en que India adquiere su independencia de Gran Bretaña, y ese hecho lo ata irrevocablemente al destino de su país. Al contarnos la historia de su familia, nos cuenta la de la India entera (o tal vez es a la inversa). Pero hay un problema: la noción que tiene Saleem de la historia es altamente personal y poco confiable, y su relato puede equivocar la fecha de la muerte de Gandhi o confundir el orden cronológico de los acontecimientos. El asunto es que en esas inexactitudes está la columna vertebral del texto. Los hijos de la medianoche nos dice: no existe la historia, existen nuestras versiones de ella.
En India, la novela se había mantenido siempre dentro del corsé de los modelos victorianos. Para liberarse, Rushdie fue a buscar en los depósitos del Realismo Mágico, y lo que encontró fue una voz exagerada, exuberante y descaradamente libre.
Juan Gabriel Vásquez
11Psicópata americano
Bret Easton Ellis. 1991

Cuando Psicópata americano fue publicada generó una controversia pocas veces vista en la historia de la literatura de su país. Su autor, Bret Easton Ellis, fue censurado y demandado por casi todos: la Iglesia, los grupos pacifistas, y las feministas consideraron que su novela era un panfleto misógino que invitaba a la violencia. El novelista se convirtió en el demonio que personificaba todo lo que estaba mal en Estados Unidos. Sin embargo Easton Ellis –un niño rico, criado en el Upper East Side de Manhattan y educado en las mejores universidades– se quedó callado y sonrió.
De cierta forma con Psicópata americano sucedió lo mismo que con La naranja mecánica: si bien al principio fue incomprendida, poco a poco se convirtió en un punto de referencia sobre el estado de una sociedad. Su protagonista, Patrick Bateman –un joven ejecutivo de aficionado a la ropa de marca y a las masacres– es un símbolo de la enfermedad de una sociedad que se basa en el consumo.
Y es que Easton Ellis hace parte de una generación de escritores que se ha dedicado a diseccionar su país: a mostrar, una a una, sus grandes fallas. Es imposible no hacer un paralelo con la obra de Dostoievski, Tolstoi y Gogol. Al igual que los clásicos rusos, Easton Ellis y compañía han mostrado la decadencia del imperio de su época. De nuestra época. Felipe Restrepo

12
Desgracia
J.M. Coetzee. 1999

Un clásico no es sólo aquel libro que ha perdurado a lo largo del tiempo –afirma Coetzee-; es también el libro que “soportará la responsabilidad de poder ser leído en una clave que tiene significado para la época del lector”. Y Desgracia es ese tipo de libro: una novelita de 200 páginas justas que se ocupa de temas tan complejos como los conflictos raciales y sociales en una sociedad profundamente desigual y violenta; del deseo y el poder; de la creación y el amor, y de cómo la lección más dura de aprender en ambos casos es dejar ir a quienes amamos.
En Desgracia no hay complejidad formal (como en Foe): la narración avanza, inexorable, y el lenguaje, apaciguado, es de un lirismo aplastante , tan perturbador en lo que dice como en lo que calla.
Isaacs enfrenta al seductor de su hija con una pregunta que Lurie no puede responder y que Coetzee mismo deja sin resolver: “Usted dice que lo siente, pero ese no es el problema. El problema es qué va a hacer ahora que se ha disculpado”. ¿Cómo seguir viviendo cuando se ha sido víctima de la violencia? ¿Cómo seguir viviendo cuando se ha sido un victimario? Desgracia se ocupa del muy sencillo y tremendamente confuso asunto de cómo ser mejores personas en “épocas oscuras”. Y en este sentido, será un libro del cual las generaciones futuras tendrán tanto que aprender sobre sí mismos como los lectores de hoy. Margarita Valencia

13
La insoportable levedad del ser
Milan Kundera. 1984

En La insoportable levedad del ser Milan Kundera se ocupa de temas tan apasionantes como la dualidad cuerpo-alma, lo privado y lo público, el amor, el destino, la fidelidad…Pero ante todo habla sobre la libertad. Fiel a su idea de que una novela es ante todo una interrogación sobre el mundo, el autor se pregunta, a través de cuatro personajes, sobre el problema de tener que elegir. “El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla con sus vidas posteriores”, escribe el autor. Y ese, diría Hamlet, es el dilema: al ser finitos, al no existir el eterno retorno, cada uno de nuestros actos es único y cada una de nuestras acciones tiene un peso ético y una significación definitivas. Pero, además, después de actuar el hombre jamás sabrá si eligió bien.
Con un hilo argumental sutil, que no respeta una cronología lineal, que mezcla lo narrativo con la digresión, y un tono irónico, esta obra juguetonamente posmoderna plantea, en últimas, que es en el yo cambiante de cada uno de nosotros donde se resuelve el mundo, pero sin olvidar que el momento histórico, la circunstancia, no son ajenos a nuestras decisiones. La república checa, la invasión rusa, sirven de marco a la novela, y enfatizan la idea de que, como ser en el tiempo, va el hombre cargado siempre de responsabilidades. Ese es su peso, y sólo asumiéndolo puede conquistar la levedad. PIEDAD BONNETT

14
Lo que queda del día
Kazuo Ishiguro. 1985/1987

Para ser un gran mayordomo el candidato debe poseer una “dignidad propia de su condición”. Estas dos instancias: grandeza y dignidad son las habitaciones por las que deambula Mr. Stevens, protagonista de la tercera novela del anglonipón Ishiguro.
Siguiendo las rutas indicadas en los volúmenes de Las maravillas de Inglaterra y bajo el pretexto de reunirse, y quizá convencer a su antigua compañera de labores, miss Kenton, antigua ama de llaves del Darlington Hall, de regresar a trabajar con un nuevo amo norteamericano, Mr. Stevens emprende un viaje hasta un pueblo de Cornualles donde ella vive . Como en tantas ocasiones, el viaje es el trasunto de los recuerdos de un tiempo ido; cifra a su vez de la pérdida de una manera de habitar el mundo en la que la fidelidad a la profesión que representa, esa dignidad cercana al pensamiento samurai de la era Tokugawa, es el faro que guía el pensamiento de un hombre que entregó su vida al servicio de Lord Darlington, títere de los nazis, sin albergar duda por las desafortunadas elecciones políticas de su amo. Servir a su señor sin caer en la duda moral acerca de las acciones de éste, representa para Mr.
Stevens la posibilidad de hacer parte de la rueda del mundo de Boecio. Ishiguro nos ofrece una novela luminosa seguidora de una literatura de la que estarían orgullosos Tanizaki y Kawabata. Álvaro Robledo

15
Las partículas elementales
Michel Houellebecq. 1998

El siglo XX fue tan sólo eso: decepciones, fracasos, callejones sin salida. Así podría resumirse la idea de fondo de esta novela, en la que Houellebecq, considerado el niño terrible de la literatura francesa contemporánea, analiza, juzga y condena al hombre. Para ello arma una historia en la que dos medio hermanos por parte de madre representan los extremos de una sociedad centrada en la rapidez, la avidez por el consumo y el placer inmediato. Michel Djerzinski se aísla en la investigación científica, la biología molecular, y renuncia al sexo. Bruno, en cambio, es un resentido profesor de literatura, ávido por la pornografía. Entre los cruces y desencuentros entre ambos Houellebecq expresa su visión acerca de temas tan diversos entre sí como el cine de los años 70, la física de partículas y mayo del 68. Emite juicios devastadores acerca del hombre y su capacidad para destruirlo todo y sólo tiene palabras amables (un par de frases, nada más) para aquellas mujeres que hacen sacrificios a cambio de nada sólo por amor. Al final Houellebecq propone un final futurista que a primera vista parece muy positivo, casi un final feliz, pero que en el fondo lo único que logra es reforzar su convencimiento de que el Homo sapiens no tiene remedio y que la única solución es que desaparezca de la faz de la Tierra. Eduardo Arias

16
La historia siguiente
Cees Nooteboom. 1991

Hermann Mussert no sabe de las cosas del cuerpo porque ha estado reflexionando sobre las del alma. Es filólogo, ama el latín y el griego, traduce en secreto a Ovidio y sus Metamorfosis y está seguro de que “El amor está en aquel que ama, no en aquel que es amado”, como Platón. Mussert es el personaje central de La historia siguiente, del holandés Cees Nooteboom (La Haya, 1933). Esta novela es un canto a la incertidumbre: el profesor Mussert se acuesta una noche en Ámsterdam y despierta en una habitación en Lisboa. Entonces decide hacer un recuento de su propia vida. Lo que nos cuenta es la historia de amor con Maria Zeinstra, esposa del poeta y deportista Arend Herfst, amante a su vez de Linda d’India, con quien el mismo Mussert comienza a tener una relación platónica.
La historia siguiente es una probabilidad, pues puede leerse en muchos sentidos. Es la historia de un hombre que se sueña a sí mismo; la historia del fracaso de ese hombre; la historia de un profesor que renuncia a todo y que termina haciendo guías de viaje con el seudónimo de Estrabón. Y la historia de la vida y la muerte, en un segundo. Pero sobre todo, es un clásico pleno de referencias que nos hace pensar en que toda buena literatura está sustentada en juiciosas lecturas del mundo, así sea para contar la misma historia, o la siguiente. Juan David Correa

17
La senda del perdedor
Charles Bukowsky. 1982

En 1982 la editorial Black Sparrow Press publicó Ham on rye (Sandwich de jamón); se trata de la autobiografía de Charles Bukowski narrada a través de su célebre alter ego Henri Chinaski. En España el libro fue publicado por Anagrama bajo el horrible título de La senda del perdedor que en nada refleja el carácter del texto original. Más que un perdedor el adolescente Henri Chinaski, hijo de inmigrantes alemanes, es una fiera herida que recorre la desolada periferia de Los Ángeles con un cuchillo entre los dientes dispuesto a todo para defender su lugar en el mundo. Si hay algo que no se permite Chinaski es perder, ni siquiera en la derrota. La traducción española también exagera en palabrotas que a veces llegan a distraer al lector de la poderosa angustia y la pulida narración que definen el estilo de Bukowski. En el texto original hay un calculado equilibrio de fuerzas que transforma la supuesta indecencia del lenguaje en ritmo y sonoridad. A pesar de la traducción efectista, la novela conserva su espíritu y logra estremecer por su descarnada humanidad y una inquietante atmósfera donde cada elemento está al limite. Sin embargo, y por paradójico que parezca, protagonista y lector encuentran una especie de justicia poética que salva la exasperante, indolente y bravucona fragilidad de Ham on rye y la convierten en una magnífica e irremplazable joya narrativa. Efraim Medina

18
Dinero
Martin Amis. 1984

¡Pobre borracho! John Self tiene dinero y quiere más, para eso trabaja y vive entre Londres y Nueva York; viaja en primera clase y bebe todo lo que su abultada barriga es capaz de almacenar. Es un injerto desafortunado entre un publicista exitoso y un ambicioso director de cine. En su primera película quiere estrellas de Hollywood y producir más dinero. Vive en los frívolos años 80 y su credo es el del éxito y el de una voz interior que dice: “Todo se puede comprar”. Y lo que quiere comprar es respeto. El respeto de su novia, la maldita Selina, una arribista buena para nada que sólo se acuesta con él cuando le suelta un cheque; el respeto de su amiga Martina, una chica que desde que nació ha tenido dinero y pasa las tardes en un museo; el respeto de su papá: un hijoputa que el día menos esperado, le cobró todos sus gastos de educación. Esta novela consagró a Amis como uno de los baluartes de su generación y se adelantó a otras dos novelas de culto que giran en torno a los mismos temas: 13,99 euros, de Beigbeder, y American Psycho, de Easton Ellis. Dinero es un monólogo que salta de la sátira al patetismo y la decadencia más extremas. Tiene algo de lamento desesperado, cargado de dosis letales de sexo y alcohol, y un desenlace de filme policíaco que despierta compasión. La del lector y la del autor. Fernando Gómez E.

19
El gran arte
Rubem Fonseca. 1983

Una prostituta es asesinada y en su rostro alguien dibuja con inigualable habilidad la letra P. No lo hace por consideraciones puritanas ni veleidades literarias sino por puro placer, por “euforia y lujuria”. Matar parece ser aquí un arte o, mejor, “un gran arte”. Paulo Mendes, alias Mandrake, el abogado encargado por un extraño cliente para recuperar una cinta de video que tenía la mujer, no se conforma con la misión asignada e irá más allá de lo pedido: buscará la verdad, la motivación última del responsable. Su pesquisa implica desentrañar los hilos secretos que mueven a la sociedad: narcotráfico, corrupción y violencia. Y, más profundamente, la naturaleza humana en la que eros y tanatos constituyen un matrimonio indisoluble.
Mandrake es el primero en reconocer su perturbadora cercanía con los hechos que investiga. Sabe que las fronteras entre el criminal y la persona normal son difusas. Él mismo es un hombre asediado por las contradicciones: es un solitario que se debate entre la culpa y el deseo de amar a tres mujeres al tiempo. Y sospecha que así es la historia: un lugar en el que conviven lo ruin y lo bello, la piedad y el odio, la crónica sórdida junto al mito y la tragedia. Ya lo había advertido hace varios años Thomas Pynchon: Fonseca no sólos un escritor de género negro, “es un verdadero maestro”. Luis Fernando Afanador

20
La perorata del apestado
Gesualdo Bufalino 1981

Fue como un milagro. En 1981, un hombre de 61 años, profesor de instituto que vivía en un pueblito de Sicilia, publicó una novela. Su primera novela. El título era extraño, Diceria dell’untore. Nada hacía presagiar lo que pasaría. Pero desde el primer momento hubo un consenso extraordinario: críticos y lectores quedaron rendidos de asombro por una prosa literaria de una belleza intensa y perturbadora, sombría e irónica a la vez, y Gesualdo Bufalino entró a formar parte de la historia de las letras europeas.
La perorata del apestado es la novela de un hombre que rememora. El protagonista recuerda su estancia en un sanatorio para tuberculosos, al que entró un año después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Pobre y joven soldado enfermo, despojado de todo antes de tiempo, y lanzado a un universo de hombres condenados, que conviven con un enemigo mortal en sus pulmones: el bacilo de Koch. “Cuán difícil es estar muerto entre los vivos: vivir se ha convertido en un abstruso juego de niños, y a mí me toca aprenderlo de mayor”, dice. Pero la omnipresencia de la muerte que atraviesa la novela comparte la escritura con la más frágil presencia del amor. Pero todos los temas son fragmentos del auténtico asunto de esta novela esquiva, inasible, que quizá no sea otro que el del proteico intento por salir victorioso, con las muletas de la inteligencia, de la solitaria dificultad de vivir. Marianne Ponsford

21
Austerlitz
Winfried George Sebald. 2001

En su vida como en su literatura Sebald vivió desplazándose. En Los anillos de Saturno recorre a pie parte de la costa oeste de Inglaterra y paisaje y lenguaje forman su entramado narrativo. Allí resplandece su diferencia contemporánea con los demás. En su novela el narrador, en la Estación Central de Amberes, encuentra a un personaje de nombre Austerlitz, con quien tiene varios encuentros a través de los años y que en la incesante movilidad por el tiempo y el cuerpo arquitectónico de las ciudades –realidad histórica– nos configura el caparazón de su inspiración. Todo paisaje o lugar es memoria, nos reitera Sebald, en un acto de magia literaria que entrelaza pasado y presente, historia e individuo, en una forma narrativa innovadora y audaz.
El protagonista es un hombre de turbio y huérfano origen, que va a tientas por el mundo y que en su desarraigo ahonda en relampagueantes verdades: “Sentía la infame apatía que precede al desmoronamiento de la personalidad, sospechaba que en realidad no tenía memoria ni capacidad intelectual, ni una verdadera existencia, que durante toda mi vida sólo me había ido extinguiendo y apartando del mundo y de mí mismo”.
Austerlitz se define a sí mismo como un “historiador de arquitectura y de la civilización”, y en sus pasos y en el murmullo de su voz hallamos una quebrada oscuridad zozobrando en la lucidez. Alfonso Carvajal

22
El loro de Flaubert
Julian Barnes. 1984

“Seis norteafricanos jugaban a la petanca al pie de la estatua de Flaubert”. De esa manera tan desprevenida pero tan elocuente empieza una de las novelas que secretamente ha marcado a varias generaciones de escritores.
Lo sorprendente de esta obra, entre otras cosas, consiste en que ella aparece a la misma velocidad en la que se le va revelando al propio escritor. Es así como el lector se convierte en un testigo del descubrimientos que hace el narrador, un médico retirado y bibliófilo llamado el doctor Braithwaite: las repetidas estatuas de Flaubert, la alarmante comprobación de la existencia de varios loros que todos dan por únicos y que originan la novela. Además, Barnes supo añadirle un ingrediente adicional y es el de haberla escrito en clave de pesquisa policíaco-humorístico-literaria, contraponiendo con ironía el espíritu cartesiano francés al pragmatismo anglosajón, para construir una historia que pasados 20 años sigue siendo una pequeña obra maestra.
Como si la desacralización y la sacralización del autor de Madame Bovary no fuera suficiente, se observa con absoluta claridad eso que se ha dado en llamar “literatura mestiza”, donde el ensayo, la narración y el reportaje se articulan de manera magistral.
 Ramón Cote Baraibar

23
El día de la independencia
Richard
Ford. 1996


Usted tiene 600 páginas enfrente. Y, ya que sólo en un par de párrafos encontrará hechos dramáticos o personajes cuyas tragedias no se reduzcan a vivir dentro de sus propias cabezas, lo único que le queda (juro que vale la pena intentarlo) es dejarse llevar por la reflexiva voz del narrador, Frank Bascombe, un vendedor de bienes raíces dispuesto a reconocer que la edad le ha enseñado pocas cosas sobre la vida. Viaja con el hijo de su primer matrimonio, el hastiado Paul, sin perder la esperanza de que alguna señal en el camino restaure la relación perdida, sin imaginar que aquel fin de semana trivial se trasformará, en un segundo, en la pesadilla que ha intuido desde que era un joven que se enfrentaba a ciegas al infierno del futuro.
El día de la independencia, continuación de una estupenda novela titulada El periodista deportivo, prueba reina de que con una voz nos basta, recibió el premio Pulitzer en 1995. Y desde entonces se convirtió en el centro del mundo creado por el más humano de los narradores norteamericanos de estos años, Richard Ford, el genial observador que ha tenido la concentración para redactar las novelas que Raymond Carver habría querido escribir. Ricardo Silva Romero

24
La hora sin sombra
Osvaldo Soriano. 1995

Un impulsó nostálgico incluyó en este listado a la séptima y última novela de Soriano, publicada en 1995. Una generación, nacida en los años 80, cayó sin resistencia ante el encanto de un escritor fluido que recreaba y abordaba, desde la literatura o el periodismo, temas tan diversos como el fútbol, el cine, la calle, el exilio o a la política. Pocas veces renegando del humor, nunca renunciando al ritmo único y vertiginoso que siempre le imprimió a sus palabras. Pero Soriano, que no cedió ante el agobiante realismo mágico, encantó sobre todo porque escribió como joven. La hora sin sombra es la evidencia absoluta.
Una novela, narrada en primera persona, que parecen varias: una extraordinaria historia de amor, un reflejo de la decadencia argentina, un escritor que escribe sobre un escritor y, si se quiere, una fábula de carretera, tema que muchos, como Fuguet y Loriga, desarrollaron, pero a los que Soriano sobrepasó por su madurez, por el estilo, la ‘cancha’, el oficio, adquirida tras seis novelas, varios relatos e innumerables artículos.
Más joven que los jóvenes, más criticado que ellos, porque vendía mucho, porque escribía con pretensiones fílmicas. En La hora sin sombra no hay descanso. Ni siquiera para sus detractores, a los que no les quedó tiempo de criticarla.
(Soriano murió el 29 de enero de 1997, a los 54 años de edad). José Ángel Báez

25Intimidad
Hanif Kureshi. 1998

“¿Pero por qué la gente a la que le funciona la vida en familia tiene que ser tan pagada de sí misma y pretender que esa es la única manera de vivir, como si todas las demás resultasen inadecuadas? ¿Por qué no se les puede reprochar su ineptitud para la promiscuidad?”.Tal vez en este par de preguntas, se resuma la obra más importante de Hanif Kureishi, Intimidad.
El escritor inglés de origen paquistaní llega a la cumbre con una obra íntima en la que explora un drama común a casi todas las parejas contemporáneas: las ganas de vivir por fuera del matrimonio. La indecisión de vivir en pareja o seguir explorando el mundo de las posibilidades eróticas. Las ganas de adentrarse en el universo de las relaciones abiertas, cuando las puertas se han cerrado por su propia voluntad.
Ante los ojos de cualquier explorador externo, Jay, el protagonista, lo tiene todo: una mujer millonaria, unos hijos adorables y la posibilidad de desarrollar su carrera artística. Pero le faltan, entre otras cosas, la aventura y el riesgo.
Kureishi desarrolla una obra en la cual surgen todas las dudas posibles que atacan a alguien que quiere separarse, una obra en la cual hace su aparición la culpa, una obra en la que el protagonista sabe que el peso de la sociedad y de las tradiciones puede afectar su decisión de explorar el mundo conyugal a su manera. En definitiva, una obra que se mete en el alma de la sociedad contemporánea. Fernando Quiroz